God save the queen

•13/10/2009 • 17 comentarios

Johnny Rotten“Todo el mundo está harto de lo antiguo. Siempre actuando al dictado de unos cuantos puretas salidos de la universidad, e hijos de padres ricos. Nos miran de arriba a abajo y nos tratan como tontos, y esperan que seamos nosotros los que paguemos libras por poderlos ver mientras actúan, y no al revés. Y la gente permite que esto suceda. Pero ya no. Ahora hay un montón de grupos nuevos que vienen exactamente con la actitud contraria. Ya no es condescendencia. Es pura y simple honradez.”

Johnny Rotten[1]

Cantaban The Clash que en 1977[2] esperaban ir al cielo, sin Rolling Stones, ni Beatles ni Elvis. Y qué acertados estaban, en ese 1977 en que, efectivamente, moría el llamado rey del rock. Es un buen momento para darle la vuelta al discurso. Es un buen momento para preguntarse por los orígenes y significados del rock, y ver hasta qué punto está siendo verdadero, auténtico, representativo. Las estrellas del rock murieron con el surgimiento del punk. El virtuosismo, los solos complicados, las canciones eternas, la psicodelia, la lentitud; todas estas cualidades pierden su sentido cuando devienen algo totalmente abstracto, imposible y lejano. De nada me sirve una música que no entiendo, de nada me sirve una música que no me habla a mí. Así se sentía la joven generación punk de los años 70, en un Londres que se quemaba y se hundía.

Mucho paro, ayudas de doce libras semanales de una Seguridad Social ínfima y miserable, debates sobre la pena de muerte, situación tensa con varios presos políticos, un crecimiento desmesurado de los barrios, con el consecuente aumento de la delincuencia y la violencia en éstos. Las salidas eran pocas y patéticas. Trabajos ridículos, si los encontrabas, y estudios inútiles, si te los podías permitir. Tenías dos opciones: conformarte o explotar. Y muchos jóvenes se decantaron por la segunda opción. La estructura económica y laboral no hacía más que tornarlos víctimas de un sistema que no les tenía en cuenta, los valores morales eran antiguos e hipócritas, la corrección era sinónimo de rigidez, de jaula, y el arte lo monopolizaba una élite con dinero, recursos, y su correspondiente dosis de hipocresía. Así, perdidos, rabiosos y frustrados, muchos optan por el “do it yourself”, “háztelo tú mismo”, desde la ropa hasta la música y los valores. Somos punk, somos basura, pero no más basura que esta sociedad que nos ha parido y abandonado.

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Thank U

•28/09/2009 • 6 comentarios

Buda Shakyamuni “Eso que es sagrado tiene como producto derivado una felicidad sin causa. Porque ésa es la verdadera y eterna felicidad que hay. Es esa felicidad que no tiene causa. Alguien te dice “¿Por qué estás feliz?”, y tú simplemente no sabes. La verdadera felicidad no tiene una causa; no hay razón para ella; no es el resultado de obtener o encontrar algo. (…) Y ése es el tipo de felicidad que emerge de lo sagrado. (..) Sólo está allí. Es sólo la naturaleza de la realidad: hay esta emanación de bienestar.”

Adyashanti[1]

Todos tenemos una imagen del Buda en la cabeza. Se nos presenta con este exotismo, con este misticismo y espiritualidad del que nos encontramos tan desposeídos. Ah! El Buda con su poca ropa, con su peinado sencillo y su naturaleza sencilla. El Buda lejos nuestro, entre flores y árboles, en su nirvana, en su paz interior. Esta mirada serena, feliz, plena. Qué lejos de nosotros, qué lejos de nuestra vida ajetreada, ocupada, llena y rápida. Envidiable, para muchos, sencillamente envidiable. Nuestra imagen del budismo está tan distorsionada como mitificada. A nuestro Buda poco nos falta para encontrarlo en las botellas de Coca-Cola, de felicidad; ya lo lucimos en bolsos, camisetas y pañuelos, ya funciona como una marca[2], aquí, para nosotros, tan desinteresado, tan conveniente, tan convencional.

La autenticidad de las cosas no debe dejar de relativizarse. Sobre todo, no debemos dejar de desconfiar cuando estos supuestos productos auténticos nos los venden, mascaditos y en lata, para nuestro propio consumo individual, para nuestro propio ego buscador desesperado de felicidad. Y eso sucede con tantos, ¡tantos personajes! No importa quién hayas sido o qué hayas hecho, no importa un Che, un Gandhi, una Marylin o un Buda; cada uno está allí para nosotros, para suplir nuestra falta de principios, de sacrificio, de sensualidad o de paz interior: compensémoslo con una chapita, o un bonito bolso que represente todo aquello que no sabemos ser. Tengamos apariencia, que es lo que, al fin y al cabo, los demás van a ver en nosotros.

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Black or white

•15/09/2009 • 8 comentarios

Michael Jackson en Thriller

This is thriller, thriller night
´Cause I can thrill you more
than any ghost would dare to try

Girl, this is thriller, thriller night
So let me hold you tight and share a
killer, diller, chiller thriller here tonight[1]

Quién iba a pensar, en 1982, que estos versos serían tan representativos de lo que fue, vivió y, sobre todo, sufrió Michael Jackson. En 1982 aparece “Thriller”, el segundo álbum de quien ya fue declarado el rey del pop. Y yo nunca creí en reyes, pero escuchando algunas de sus canciones de este álbum, hay una calidad e innovación innegables. Mezclas con funk, hard rock y soul hacen de este álbum un conjunto de temas variados, para muchos gustos y con nuevos sonidos. Y, a parte del aporte musical, cabe destacar el hecho de que fue pionero en el mundo de los vídeos musicales. “Thriller”, más que un videoclip, es un cortometraje, superando la duración de cualquier otro video musical hecho por aquel entonces. Tal vez uno de los vídeos más vistos, parodiados, sorprendentes y de mayor éxito en la historia del videoclip. Y a “Thriller” le siguieron muchos más, de gran calidad, buen maquillaje, coreografías estupendas, vestuario y ambientaciones dignas de película, innovador en la música, fue también innovador en la imagen, ¡y qué imagen!

En “Thriller” vemos un Michael Jackson transformado en hombre lobo y en zombie, con un ambiente de películas de terror de serie B, con un vestuario que parodia a estos personajes, y con una coreografía que no se había visto nunca antes en un vídeo. Y lo que no me puedo quitar de la cabeza son estos versos, “’cause I can thrill you more / than any ghost would dare to try”, y un Michael todavía negro, aunque sin su nariz de negro, con su famoso moonwalk y sus característicos falsetes y movimientos en el escenario. Quién iba a pensar que éste “voy a darte miedo”, esta parodia de las películas del terror, acabó siendo la realidad de Jackson. En el punto de mira de los medios de comunicación, el “rey del entretenimiento”[2], cada cosa que hiciera sería polémica, discutida, dedos acusadores continuamente levantados hacia él, rumores que problematizaran más la vida del cantante, y los millones de dólares que pudiera poseer no servirían para otra cosa que para agravar esta situación.

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Gimme hope, Jo’anna!

•10/09/2009 • 6 comentarios

Termina el verano, y termina el verano con sus canciones del verano. Terminan las melodías repetitivas, bailables, de letra estúpida y rima infantil. No es que el resto del año haya una producción fabulosa y maravillosa de música, pero el caso del verano es especial. Hay recopilatorios y canciones que estamos “obligados” a escuchar y a bailar, y a aceptar como representativas de este verano. Así, su naturaleza es caduca y, en general, desagradable, lo suficientemente desagradable como para que no quieras volver a escuchar esta canción de un verano a otro. Las letras son también, por lo tanto, de poco interés y profundidad. Todo alude a la fiesta y a la alegría, porque en verano, en vacaciones, en momentos de fiesta, no apetece recordar y tener presentes las desgracias del mundo – como si el resto del año fuésemos seres plenamente conscientes y comprometidos con las injusticias, pero eso ya es otro tema.

Es por todo esto que me sorprende encontrar una supuesta canción del verano, de hace muchos veranos, cuyo mensaje vaya más allá de aquello que se pueda bailar. En 1988, Eddie Grant alcanzó el top 10 en el Reino Unido con una canción pegadiza y festiva, que todos hemos oído y conocemos: “Gimme hope, Jo’anna”. Y mientras se tararea y se baila alegremente, porque no deja de ser una canción alegre, se tararea y baila alegremente en contra del apartheid en Sudáfrica. “Apartheid” significa, en afrikaans[1], “separación”. En esto consistía. De la supuesta separación racial que existe entre negros, blancos, mestizos y demás, se hace una separación legal. La misma historia de siempre, a mediados del siglo XX y en un país en el que la mayoría negra[2] se convierte en minoría, porque las minorías y las mayorías no funcionan por números, sino por privilegios. Así, los blancos están arriba de la jerarquía, con sus trenes, sus hospitales, sus playas, sus escuelas, sus carreteras; y los negros abajo, por ley, en otros trens, hospitales, playas, escuelas y carreteras.

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Marcelino, arroyo de charco

•10/09/2009 • 4 comentarios

No somos una sociedad demasiado puritana, o eso creo, pero a veces hay canciones que pueden escandalizar bastante. Aludir a lo escatológico, a lo sexual, a lo carnal, se considera demasiado a menudo como un gesto de mal gusto. Entre lo infantil y lo asqueroso: contar cosas sobre pedos, cacas o penes no puede tomarse en serio. Sin embargo, a veces son necesarias estas alusiones, estos recuerdos de que, después de todo, tenemos una parte animal bastante importante, aunque la tratemos de esconder. Por ello, cuando alguien hace poesía, música, que supone esta dimensión espiritual, artística y pura, y la hace a través de palabrotas y fluidos corporales, se puede llegar a obtener algo realmente interesante. Y esas metáforas son de las que no encontraremos en las poesías de los libros de texto, ni en una antología de poesía en español, ni en un lugar demasiado valorado para aquellos críticos del arte que jerarquizan la música, el cine y la poesía. Estas metáforas descarnadas se encuentran en la poesía callejera. La poesía callejera, la que se dice que durante algún tiempo hizo Joaquín Sabina, la de Extremoduro, y, también, la de Albert Pla.

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The sounds of silence

•10/09/2009 • 1 comentario

Es 26 de septiembre de 1960. Estados Unidos. Ya no estamos en la posguerra, estamos en la guerra fría. El país va cobrando fuerza, y su política exterior ya es determinante de lo que sucede en todo el mundo. Se acercan las elecciones, y eso hace que los medios se llenen de propaganda y debates transmitidos por ambos candidatos: Richard Nixon, por el Partido Republicano, y John F. Kennedy, por el Partido Demócrata. Este 26 de septiembre, 70 millones de personas siguen el debate en la televisión estadounidense[1]. Nixon se presenta sin maquillaje, sin afeitar, y con mala cara después de haber pasado unos días en el hospital. Kennedy se presenta tranquilo, joven, relajado. El 8 de noviembre, Kennedy gana las elecciones y se convierte en presidente de los Estados Unidos.

Los años 60 ya empezaron con una situación política complicada, tensa. En Alemania, como clara señal de división y polarización del mundo se construye el muro de Berlín. La lucha contra el comunismo continúa: la invasión de la Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles en Cuba y los primeros eventos de la guerra del Vietnam en contra de las tropas de Ho Chi Minh. En Estados Unidos empieza la carrera espacial y se consolida el movimiento por los derechos civiles. Empieza, también, la preocupación por las armas nucleares y la contaminación radiactiva, de modo que se inicia un tratado para su prohibición.

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Satisfaction

•10/09/2009 • 4 comentarios

Pocas canciones han sido tan versionadas como “Satisfaction”. Es, quizá, el tema de rock más versionado desde los años 60. Y no es algo extraño, ya que su riff es de los más conocidos en todo el mundo, siendo el que lanzó a los Rolling a la fama. Se dice que surgió de un sueño de Keith Richards, quien se despertó a medianoche con este sonido en la cabeza en mayo del 1965. Llegó al número uno tanto en EEUU como en Inglaterra. Pero riff es mucho más que la base de la canción más conocida de los Rolling, es también la canción que salta de un estilo a otro nuevo, que abandona el rock’n roll para ser solamente rock.

La canción fue compuesta y escrita durante la gira del grupo en Florida, Estados Unidos. No es casualidad, por ello, la temática de la canción. Los Rolling Stones eran una banda inglesa, londinense, y aquel nuevo mundo no era el suyo, no era lo que habían conocido hasta ahora. La cultura norteamericana les impactaba: la publicidad, el consumismo, aquella faceta del capitalismo más salvaje. Es en aquel mundo en el que no se puede obtener ninguna satisfacción. La letra de esta canción se dirige a la frustración que provoca este modo de vida. Anuncios, carteles, escaparates, eslóganes… Y la creación de un deseo en cada uno, la creación de una necesidad en cada uno. Así es la ley del mercado, y sobretodo la ley del consumo. Ya no consumimos para cubrir una necesidad, sino para buscar y construir, absurdamente, nuestra propia felicidad.

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